Con el permiso no autorizado de Héctor Abad Faciolince me atrevo a citar fragmentos tristes, muy tristes, pero que más que conmover mi corazón a la tristeza lo han agitado de una enérgica indignación. Leer ''El olvido que seremos'', sus columnas puntuales los domingos, ''Angosta'', y ''Tratado de culinaria para mujeres tristes'' son lecturas que se han incrustado sin remedio en mi cabeza y que hoy por hoy, engendran admiración, por su literatura impecable claro pero más por su cobardía. Sí, su cobardía, traslúcida de letras, de sentimiento, de lucha y de vida, su propia vida es lección de libertad, es Héctor un ser humano libre de ataduras religiosas y resentimientos, que transforma en memorias sin dolor y nos invita a perdonar, sobre todas las cosas: ¡perdonar! Y aquí va. Una vez un amigo me contó una historia que yo siempre he querido olvidar. Hubiera querido que nunca me la contara, pero la historia ya está en mi cabeza y no...
Plenipotenciara of nothing.