Todas, en algún momento, por el menos indicado quizá, hemos escuchado centenar de halagos, una lista apetecible de virtudes que nos atribuyen, basados en ciego deseo o auténtica observación. Pero no es él quien te lo dijo, ¿verdad? No el quién que esperamos que fuera... No nos llenan las palabras más bonitas, ni el detalle más estrafalario; tendría nuestra atención, nuestro cariño y condescendencia, pero el corazón le pertenece a quién pensamos por vez última antes de cerrar los ojos, le pertenece a ese nombre que alentamos cuando nos piden orar, le pertenece a quién deseamos con el susurro de la sonrisa luego de besar unos labios, le pertenece a quién lo merece, le pertenece al que no, pero ahí está dispuesta tu alma. ¿Han guardado con recelo mensajes cuyo valor no puede calcularse? Es como nuestro tesoro virtual, que resguardamos secretamente, y recurrimos a ello en momentos de vulnerabilidad. Buscamos calmar la fiebre con paños de agua tibia... Y poner paños de agua tibia...
Plenipotenciara of nothing.