Todas, en algún momento, por el menos indicado quizá, hemos escuchado centenar de halagos, una lista apetecible de virtudes que nos atribuyen, basados en ciego deseo o auténtica observación.
Pero no es él quien te lo dijo, ¿verdad? No el quién que esperamos que fuera... No nos llenan las palabras más bonitas, ni el detalle más estrafalario; tendría nuestra atención, nuestro cariño y condescendencia, pero el corazón le pertenece a quién pensamos por vez última antes de cerrar los ojos, le pertenece a ese nombre que alentamos cuando nos piden orar, le pertenece a quién deseamos con el susurro de la sonrisa luego de besar unos labios, le pertenece a quién lo merece, le pertenece al que no, pero ahí está dispuesta tu alma.
¿Han guardado con recelo mensajes cuyo valor no puede calcularse? Es como nuestro tesoro virtual, que resguardamos secretamente, y recurrimos a ello en momentos de vulnerabilidad. Buscamos calmar la fiebre con paños de agua tibia... Y poner paños de agua tibia sobre su frente marcó una etapa de reconciliación maravillosa, pero ya no está aquí ese momento, se ha ido, y con él, todos los cachivaches.
Creo que realmente lo que hace mella en nuestras almas no son las heridas o los recuerdos, son los sonidos. Sí, cuando una voz te estremece, cuando una canción de hace un año te arruga el espíritu o cuando una carcajada te transporta. Lo digo de veras, momentos buenos se viven con cualquier suertudo, pero hay sonidos que fueron escuchados una vez y solo una vez, pero aún así tu corazón los sostiene y quedan registrados para siempre. Aunque tus ojos vean personas más atrasctivas o tus manos toquen novedades, su voz tranquila y desenfadada diciendo que te amaba, o que simplemente te preguntara una y otra vez ''¿qué pasó?'', vaya que eso sí no lo vas a comparar, porque fue, es y será único.
Todo el mundo tiene derecho a querer vivir cosas nuevas con rostros distintos. Pero para muchos otros, el camino no es hacia delante solo, sino en reversa, recoger lo que se nos ha quedado y continuar. A veces lo correcto es soltar, pero se vale sostenerse de lo que merece la pena y toda la felicidad. Se vale aferrarse a quererse. Y que no te confundan: la dependencia emocional está lejos de parecerse al amor sin condiciones.
Amor. por siempre.
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