El miedo se ha incrustado en mis huesos y no sé cómo sacarlo. Se me pega en la piel como una lepra mandada por castigo divino y no hay cura que me lo exorcise. Me domina napoleónicamente y no me es posible independizarme. Y es que del miedo no se libera, ni se escapa, se le enfrenta y se le gana. En nuestro carácter mortal se nos es imposible a veces comprender tantas obras del destino que nos ponen en encrucijada y nos llevan incluso a darle la espalda a nuestros propios principios, porque una vez que tienes miedo, sientes vulnerabilidad hacia todo lo que te rodea y tu identidad, tu ser, se ve a la deriva como hoja caída que sigue el rumbo del viento. El temor de perder a la persona que me dio la vida me hace querer odiar la mía. El temor que la persona que quiera de repente ya no esté. El miedo es inevitable, y por si escribir ayuda en algo, le tengo miedo al miedo, que venga y se lleve todo de mí, que me deje sin nada más que carencias y arrase con lo que soy o solía ser...
Plenipotenciara of nothing.