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Mostrando entradas de septiembre, 2014

Calibrando los miedos

El miedo se ha incrustado en mis huesos y no sé cómo sacarlo. Se me pega en la piel como una lepra mandada por castigo divino y no hay cura que me lo exorcise. Me domina napoleónicamente y no me es posible independizarme. Y es que del miedo no se libera, ni se escapa, se le enfrenta y se le gana. En nuestro carácter mortal se nos es imposible a veces comprender tantas obras del destino que nos ponen en encrucijada y nos llevan incluso a darle la espalda a nuestros propios principios, porque una vez que tienes miedo, sientes vulnerabilidad hacia todo lo que te rodea y tu identidad, tu ser, se ve a la deriva como hoja caída que sigue el rumbo del viento. El temor de perder a la persona que me dio la vida me hace querer odiar la mía. El temor que la persona que quiera de repente ya no esté. El miedo es inevitable, y por si escribir ayuda en algo, le tengo miedo al miedo, que venga y se lleve todo de mí, que me deje sin nada más que carencias y arrase con lo que soy o solía ser...

Tributo a los corazones rojos.

Es septiembre y los bolsillos agujerados por la compra de dulces lo saben. Bonita la idea de obsequiarse unos a otros cosas por compromiso, que los negocios se vistan de rojo por hacerle honor a un mes, que toda oficina y salón de clases se vea en la obligada posición de sacar papelito y darle un regalo al sujeto así le caiga mal porque es el mes del amor y la amistad. No es que no me simpatice la fecha, pero ciertamente las calamidades se ponen de acuerdo para salir a flote en este mes desde hace varios años ya en mi vida y honestamente me parece una porquería. Sin embargo mantengo el entusiasmo ante la idea porque es fácil conquistarme a punta de dulces, soy un tarroncito de azúcar que se amarga como limón, pero siempre dulce, no se confundan. Pero más allá de la cuestión esta de regalar cosas porque sí y atragantarse de caramelos como si no hubiera un mañana, también deberían haber cierto tipo de detalles con la gente que de verdad amamos y que de verdad son nuestros amigos, a...

De sabanas y montañas, colores y lluvias.

De los trayectos en auto se puede apreciar mucho más que ruedas y vías. Está el factor entorno, escurridizo entre las ventanas y lentes de sol. ¿Quién dice que un atardecer no puede generar en ti la misma sensación de tu canción favorita resonando en tus oídos? En los soles del amanecer encuentro oportunidad, nubes pícaras buscando un lugar en el tablero azul y todo un día que espera y es velado por tal paisaje. Las noches, muy negras, muy espesas, muy tardes, son testigos de lo que en día se esconde; y las estrellas como puntitos sin una meta clara en la vida, puntuales cada noche acompañan a ladrones de cosas y ladrones de besos. Ni hablar de los atardeceres. La poesía en su esplendor. El lienzo puro y majestualmente plasmado con tonos azulejos, rosas y naranjas, hacen de un final: un comienzo. Precioso cada tarde entre balcones y ventanas, una que otra ave paseando por ahí y más de un lente fotográfico esperando para capturarlo. Más fotogénico que cualquier modelo son los sol...