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Mostrando entradas de agosto, 2013

ESPERO QUE ME LEAS.

Corazón inhóspito y lleno. El amor desborda del recipiente, mas no existe mucho espacio donde vertir, ¿se desperdiciará tanto esfuerzo? Sí.  Las memorias no se desechan, las canciones no se pierden en la bruma de la historia, las miradas no borran la huella que una vez dejaron en lo más profundo del ser. Nada vuelve a ser como antes. Vaya frase trillada, pero real, que tus labios conozcan más dulce que el que hallaste en el mío. Que tu ventana conozca soles más incandescentes. Que tu corazón despierte. Que seas feliz. Que a veces te acuerdes de mí. Espero que tu confusa cabeza te dé para pensar que lo que tenía y lo que no, eran para ti. Espero que tu pecho vuelva a reconocer vida, pero sobre todas las cosas no te olvides de mis letras. Espero que me leas.

Cuando nadie nos oye ni nos ve.

Pausa, detente un momento, ¿qué pasa en tu vida que te impide decir cuanto piensas? Los jóvenes nos encontramos inmersos en un contexto que de un modo u otro nos obliga a pensar y actuar de cierto modo convencional que a su vez nos hace merecedores de una vida. Ahora bien, en el paulatino instante en que decidimos arrasar con las cadenas virtuales que nosotros mismos nos hemos querido poner, parece que la paz y la tranquilidad llenaran el vacío antes ocupado por la saturación de comentarios ajenos y pensamientos qu epoco tienen qué aportar a nuestro crecimiento personal, pero que aún así difrutamos leer, esto se debe precisamente al afán insaciable del ser humano por ser aceptado, atendido, comprendido. Y gracias a las redes sociales es posible transmitir a otros nuestras pasiones, gustos, ideas, actividades, quéhaceres, un sinfín de modalidades que caben limitados carácteres o incontables publicaciones. Qué pena que disfrutemos más escribiendo lo que nos gustaría hacer en lugar ...

HUIDA SIN REGRESO

El avión hace tiempo partió, la ventana del auto empañada visualiza el rumbo que toma a lo lejos la pequeña figura que no promete retorno, y dentro de sí un corazón amargo y sin esperanza de volver a sonreír. Era una historia de amor normal, fantástica a decir verdad, con todos los adornos que el siglo XXI le pueda poner. Con besos al escondido, salidas de 30 minutos que parecían eternas, llamadas sin fin y textos enardecedores. Sonrisas, lágrimas, discusiones y demás, constituían el día a día de dos adolescentes cuyo afán por llegar a casa era saber del otro, qué dulce miel y qué tan aterradora costumbre germinaba en ellos.  Habían comenzado una noche cualquiera luego de dos canciones y emparejarse, no había promesas de nada, ni rastro alguno de ilusión, pero sucedió, y fue mucho peor que haberse dicho ilusiones, ellas surgieron en su hondo corazón sin reversa, incrementándose como la violencia de su subdesarrollado país. Tras interminables conversaciones nocturnas se con...