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Cuando nadie nos oye ni nos ve.

Pausa, detente un momento, ¿qué pasa en tu vida que te impide decir cuanto piensas?

Los jóvenes nos encontramos inmersos en un contexto que de un modo u otro nos obliga a pensar y actuar de cierto modo convencional que a su vez nos hace merecedores de una vida.

Ahora bien, en el paulatino instante en que decidimos arrasar con las cadenas virtuales que nosotros mismos nos hemos querido poner, parece que la paz y la tranquilidad llenaran el vacío antes ocupado por la saturación de comentarios ajenos y pensamientos qu epoco tienen qué aportar a nuestro crecimiento personal, pero que aún así difrutamos leer, esto se debe precisamente al afán insaciable del ser humano por ser aceptado, atendido, comprendido. Y gracias a las redes sociales es posible transmitir a otros nuestras pasiones, gustos, ideas, actividades, quéhaceres, un sinfín de modalidades que caben limitados carácteres o incontables publicaciones.

Qué pena que disfrutemos más escribiendo lo que nos gustaría hacer en lugar de buscar el modo de hacerlo. Las desgracias que pasan en el mundo son víctima de nuestra amarillista opinión plasmada en pulgares habilidosos y fugaces, y que en contadas veces conmueven nuestros virtuales corazones.

Cuando nos deshacemos de todo ese tráfico innecesario de dramas compartidos, nos tomamos el debido tiempo de analizar qué está psando en nuestras vidas más allá de lo que estamos destinados u obligados a hacer, si nuestros planes seguirán en pie, si nuestros amores van mejor o peor, probablemente por tu cabeza la remota idea de leer algo que te intriga hace tiempo, o tegas la delicadeza de buscar un objeto que creíste nunca más aparecer: tu verdadera identida, no sé.

Cuando nadie nos oye ni nos ve comenzamos a darle singular a importancia lo que pensmaos de nosotros mismos a juzgar nuestros propios gestos extraños e icorregibles, a reírse de las tonterías que pareces nunca haberte percatado que haces involuntariamente, te muestras más sensible ante lo que ocurre a tu alrededor, dejar de ser una pantalla y tú para convertirte en EL MUNDO Y LO QUE TÚ HACES DE ÉL.

Las frases poéticas sobre amor a la naturaleza y a la vida que tanto leíste y compartiste parecen tener sentido una vez te adentres en los misterios que la vida misma te aguarda en todo sus esplendor. Los innumerables RTs a cuentas de superación personal no te hacen una mejor persona, lo que apliques de ellas sí.

Me atrevo a opinar sobre esta moderna modalidad de esclavitud porque yo soy víctima de ella.

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