El avión hace tiempo partió, la ventana del auto empañada visualiza el rumbo que toma a lo lejos la pequeña figura que no promete retorno, y dentro de sí un corazón amargo y sin esperanza de volver a sonreír.
Era una historia de amor normal, fantástica a decir verdad, con todos los adornos que el siglo XXI le pueda poner. Con besos al escondido, salidas de 30 minutos que parecían eternas, llamadas sin fin y textos enardecedores. Sonrisas, lágrimas, discusiones y demás, constituían el día a día de dos adolescentes cuyo afán por llegar a casa era saber del otro, qué dulce miel y qué tan aterradora costumbre germinaba en ellos.
Habían comenzado una noche cualquiera luego de dos canciones y emparejarse, no había promesas de nada, ni rastro alguno de ilusión, pero sucedió, y fue mucho peor que haberse dicho ilusiones, ellas surgieron en su hondo corazón sin reversa, incrementándose como la violencia de su subdesarrollado país.
Tras interminables conversaciones nocturnas se confesaron su amor, y fue la felicidad quién protagonizó esta historia los meses siguientes, vaya amor el vivido. Fue una verdadera revelación para ambos. Él encontró lo que necesitaba y no se percataba que buscaba, ella encontró justo lo que no necesitaba pero buscaba con tanto sigilo. Fueron así la publicación romántica del momento, las fotografías con más dulzor de todas, la sutil envidia para quienes apreciaban tal romance. Que como todo relato digno de contar tuvo inconcluso fin.
Todo marchaba según lo acordado, ambas partes conformes con lo que daban y recibían hasta que el traspiés de ella provocó una tormenta que aún deja huella del sereno, nada funcionó. Las turbulentas discordias no dieron pie a más enamoramiento. Él decidió marcharse. Ella permaneció intacta, confundida, a la deriva.
Qué bueno habría sido ver qué ocurriría después con la joven y ,adura pareja, es una pena que su pasado opacara su futuro. Qué gran vergüenza dejar que una duda pudiese más que una razón. Pero así fue y parece prometer no reivindicar.
Ella por fin se alejó, de terreno, no de sentimiento. Las oportunidades se dieron y compró el ticket para aquella húmeda madrugada, las maletas parecieron haberse hecho solas, los actos por inercia dejaron de tener gran importancia para ella, la vida del chico trasncurrió sin gran novedad. Entonces sabían que su indiferencia era inútil para con su sentir.
Simplemente pasó. El avión despegó luego de un adiós. Aún no sabremos si el tiempo separa o une. Tal vez acostumbra, solo eso.
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