En virtud de ese inveterado e inconsciente deseo por juzgar lo desconocido, surge el estigma, y de este a su vez, la discriminación. Muchas palabras odiosas en una misma oración, ¿no? Incómodas, rayadas, aburridas; palabras que nacen plausibles y terminan engranadas, como feminismo, que empezó bien, fue leído, estudiado, acogido y luego prostituido porque alguno/as lo leyeron mal, lo estudiaron mal, lo entendieron mal y/o lo acogieron mal. Confunden feminismo con cualquier manifestación absurda que vieron en Internet, creen saber todo sobre un movimiento igualitario porque sus próceres tuiteros les dijeron que estaba mal, aseguran ser precursores de respeto pero tildan de estúpidas a las mujeres que con valentía abanderan manifestaciones constructivas, puede que para ellos, el feminismo sea innecesario, torpe y obsoleto, pero olvidan que apenas en 1957 pudieron votar mujeres en Colombia, ¿hicieron cuentas de cuántos años atrás no pudimos? Un científico de apellido Pickering (dir...
Plenipotenciara of nothing.