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Tributo a los corazones rojos.

Es septiembre y los bolsillos agujerados por la compra de dulces lo saben.

Bonita la idea de obsequiarse unos a otros cosas por compromiso, que los negocios se vistan de rojo por hacerle honor a un mes, que toda oficina y salón de clases se vea en la obligada posición de sacar papelito y darle un regalo al sujeto así le caiga mal porque es el mes del amor y la amistad.

No es que no me simpatice la fecha, pero ciertamente las calamidades se ponen de acuerdo para salir a flote en este mes desde hace varios años ya en mi vida y honestamente me parece una porquería. Sin embargo mantengo el entusiasmo ante la idea porque es fácil conquistarme a punta de dulces, soy un tarroncito de azúcar que se amarga como limón, pero siempre dulce, no se confundan.

Pero más allá de la cuestión esta de regalar cosas porque sí y atragantarse de caramelos como si no hubiera un mañana, también deberían haber cierto tipo de detalles con la gente que de verdad amamos y que de verdad son nuestros amigos, así sean dos, o uno, si es que usted es bien perdedor, pero ¡siempre hay alguien! Y ese alguien merece lo mejor de sí, con una felicitación, un gesto amable, una menta, algo que diga ''oye, me acordé de ti y quise darte esto''. Ese sí que es el verdadero sentido de la fecha y no tanto corazón de cartón pegado por doquier.

Y si de parejas hablamos, no sean tacaños que eso es muy maluco, ojalá no se hayan acordado a última hora y salido del paso con cualquier cosa, porque si bien es cierto ese es su polvo seguro y tiene mérito de recibir un obsequio de admirar. Aunque el amor no se compra, sí se riega, con detalles, palabras, actos sublimes que no se agoten.

Ojalá no les de un mal estomacal por andar de tragones y que el que les dé regalo no sea muy duro,

con amor y amistad, Yo.

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