Tan sórdido como una pared, así de aburrida comenzaba tornarse mi existencia, sin un póster que la adornara sin un color llamativo que atrajera, sólo la pulcritud de una vida que quería ensuciarse, los deseos reprimidos por salir a gritar lo que quería hallar, la expectativa callada por la realidad de una vida que acababa de empezar...
“Vendrá el olvido, tus horas se llenaran de amigos nuevos. Despertarás envuelto en el color de otras mañanas, alguien dirá tu nombre diez, cien, mil veces y será distinto y será determinante. Las palabras que te dije las escucharás por fin, completas. Tu boca encontrará la forma de amoldarse y no extrañar. Incluso vestirás lo que era para mí, para cualquiera. Y sí, vendrán días mejores, sanarás de prisa y la felicidad te ha de alcanzar en cualquier sitio, pero días como los nuestros... ¿cuándo?”
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