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Cállate, por favor.

Días duros han transcurrido, la bruma de la incertidumbre me nubla el juicio y la carencia de tus manos me hacen odiarte... y amarte más.

Como si el sol intermitente de la ciudad no sirviera de nada para iluminar mis días, me habría propuesto no volver a salir, las lágrimas teñidas de nostalgia manchaban mi cama a diario de una manera atroz que no puedo controlar, suena tan patético hablar de tristezas, pero tan sublime escribir de ellas, sin embargo el motor de mis dedos se marchó... Y con él mis ganas de respirar.
No depende mi felicidad de alguien, depende de las circunstancias que me rodeen y definitivamente las que ahora se han dispuesto a acecharme no hacen más que afligirme y encogerme el corazón. Pequeño y débil, a duras penas palpita, porque lo única que abunda ahora es esperanza, esperanza de marcharme, esperanza de cambiar, esperanza que esto, que promete apagarse, nunca lo haga.
Sabía que iba a ser complicado vivir a kilómetros de ti, pero nunca imaginé que cada kilómetro sería tan crudo, necesito sabor, y no lo hay. No sabía que que iba a ser tan difícil afrontar inconformidad profesional con mis padres, pero lo es, no hay nada más triste que tus sueños sean limitados por las únicas personas que te alentaron a elevarlos una vez.
En todo caso, estoy exhausta, de tanto lloriqueo en las noches e inestabilidad por las mañanas, decidí bajarme del carrusel y vetar por siempre la montaña rusa, la francesa, la italiana o la que sea, solo quiero vivir en faz plana y contundente, a tu lado, porque me cansé de las discusiones, me cansé. Así que cállate por favor, tú y todos, ¿comprenden? Todos cierren la maldita boca que me aburrió tanta vomitadera de discurso y necesito acciones que me llenen. Como que todo fuese un diálogo planeado en pro a que mi vulnerable temperamento fuese más activo que cualquier volcán en Hawaii, donde por cierto, me sentiría más a gusto entre gente que solo baila y come piña. Porque la piña es de Hawaii ¿cierto? Ya saben, hawaiana: o sea que tiene piña. TOTAL, debo calmarme, parar el tren y quedarme, no sé en donde, no sé porqué, no sé con quién, pero por el momento, solo pido silencio, que con mi parlamento estúpido e improvisado me basta para hacerme la vida imposible a mí. Pero mientras se callan no dejen de estar. Que el silencio no es sinónimo de ausencia y más que nunca te necesito conmigo.

Aunque estemos por el momento destinados a no encontrarnos, el eclipse siempre ocurre de vez en cuando uniendo al día y a la noche, si ellos amor mío pudieron estar, nosotros también, que ni mis lluvias nocturnas en los ojos podrán jamás apartarte de mi primavera.

Comentarios

  1. Es un hermoso poema, destilabas veneno por cada poro, sabes todos sentimos diferente.

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