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En el lecho y la pesadumbre.

Dios actúa de formas insospechadas y misteriosas, para quién lo quiere y para quién no, para el que se la pasa invocándolo y para el que omite su existencia, todos, por igual, tenemos en nuestras vidas dosis similares, unas más otras menos, de cosas que nos enaltecen, o nos hacen besar el suelo, de todo hay, pero entre todo, está el amor, la compañía y...

Sigo con el insurrecto parecer de que en las pequeñas expresiones lanzadas al aire se hallan los mejores remedios para las premurias que como seudo personas, llegamos a sentir. Han sido semanas duras, y seguramente, vendrán unas más, todos las tenemos, creer que nuestros problemas son más importantes que los de otros nos hacen arrogantes en el sentir, y creer que son menos importantes, nos hace débiles en el acontecer. 

La sugerencia, es siempre permanecer aferrado a algo que no cambia, el amor, tú, lo que sabes, lo que eres y lo que profesas, sea lo que sea.

En el corazón de quién les anota, está la mano cálida de alguien, que sin querer, que sin saber, me enseña la misericordia de la reconciliación; perdona, porque tú, también te equivocas, también lastimas, también fallas, pero también quieres a pesar de.

Lo vi, y sabía que sobre esa roca quería edificar mi vida, construir mi casa y asentar mi ser. Ha sido enorme el tiempo distanciados, han sido innumerables los problemas superados, y un número más allá del infinito de discusiones, descontentos, diferencias, puntos que no convergen, pero entre esa lejanía y en su momento, de vez en cuando, ganas de soltar, surgen entonces, las ganas de abrazar, de buscar, de querer, con todo lo poco que somos pero que al unirse se hacen gigantescas, esa es la magia de querer con tantas fuerzas, que tu lógica se vuelve necesaria por comprenderlo pero inútil para explicarlo.

Pues, en las mañanas que me he sentido acompañada, he sido testigo de la mayor paz, inmaculada, ajena al tiempo o al espacio, propia de los ojos con los que me encuentro con quién amanezco y soy tan, inmensamente feliz, porque tú, me haces feliz con solo ser tú, con solo existir y estar.

Que tu vida tenga compañía no es grandioso ni un sendero de margaritas, quién te lo afirme, no ha asumido con compromiso una relación de dos, pero vale la pena sobrellevar los aguaceros que se vienen, pues al final, tienes con quién pelear bajo el paraguas, y al llegar, tienes a quién abrazar cuando tienes frío. Si hubieras estado solo, habrías tenido más espacio para ti, probablemente pudiste haber hecho cosas distintas, pero sería tu perro, tu pez, tu gato quién escuchara tus aventuras, sería el conserge con quién discutirías de cosas que no le importan y sería tu cama la testigo de tu soledad, que llamas independencia.
Son decisiones de vida, perfectamente respetables cada una a su modo, yo decidí la primera y no me arrepiento de nada, pues aunque él no lo crea así: la bendición de Dios se ha manifestado en mi vida de múltiples maneras y tú eres una de ella. 

Gracias.

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