No les pasa que algo duramente congruente les ocurre y que sienten que nadie, ni con cientos de magísters publicando libros de autoayuda, ni tu mejor amiga de la vida, ni tu madre que te parió, entienden.
La sensación de no ser querido le cae como un balde de agua fría a todo el mundo, pero a veces la notificación no es tan específica, y aunque las señales venían de hace tiempo, tu terco entendimiento se acaba de dar cuenta; no, no eres tonto, no eres menos, no eres culpable de querer a alguien que no te da en la misma cantidad que tú, no estás determinado por lo que hiciste, por lo que perdonas, por lo que dejas pasar, eres un ser humano valiente, que una vez o dos, o muchas, le dio oportunidades a gente que no comprendió, que detrás de tu valentía para perdonar, existía un corazón noble, abrumado y adolorido; no te prometo una orilla de calma o alguien ideal para nosotros, si llego a estar ahí les contaré, les haré una precisa descripción y sacaré fotografías. Pero mientras, me debo conformar, que nada crece en donde no se siembra.
Si has estado aplazando una decisión por mucho tiempo, debes saber, que aplazar un miedo no lo hace menos cierto, y aunque quieras evadir la soledad, la escasez, el turbulento ruido del silencio en tu alma, estas cosas ocurrirán. Si alguien perdonó tu ofensa, tu madre al hablarle en un tono inapropiado, tu compañero al tornarte egoísta por un conocimiento que no te pertenece, o tu pareja que tanto ha aguantado, pregúntate qué rayos, centellas, caracoles, estás haciendo, no mucho por ellos, sino por ti. ¿Eso es lo que quieres ser?, ¿Crees que es justo?
La gente que da varias oportunidades no es tonta o idealista, es gente con ganas de vivir, y gente como esa, es la que saca su calzado y se incomoda en el ajeno, solo para saber qué se siente recorrer un camino que no recorre todos los días; gente así, que se pone gafas con receta que no le queda, solo para ver en una perspectiva desconocida; gente así, que llora porque el cielo lo hace, que sonríe con dulzura y tristeza ante una nueva decepción, gente que haría tu vida feliz, y tú... Acribillando sus heridad.
Sé la cura, no la sal.
Que si bien las heridas sanan, todos somos doctores de un enfermo, la enfermedad de un sano, y la medicina de un alma.
Comentarios
Publicar un comentario