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La engañada, la solterona o la otra

Contra toda cortina social, se establecen a continuación, a modo casi que descriptivo, las especímenes que habitan en este vasto mundo femenino según el rol que cumplen y en función de quién. O de qué. Se advierte que no es un artículo apto para feministas desubicadas, jueces de la moral, ni mucho menos empedernidas del amor.

Todo comienza por un principio, pero no, no hablo de una iniciación sino del principio, la regla universal por la que nos regimos todos y bajo el cual, conscientes o no, tomamos las decisiones magnas de nuestras vidas, movidos por eso, por lo que estamos marcados a hacer. Todos diseñados para tareas diversas, labores distintas, funciones necesarias, gente útil que haya sido predispuesta para hacer lo que hace y lo que es. 
Como quién nos abre la puerta al entrar a un recinto, sin ayuda de ese cordial y mal pagado vigilante, qué habría sido de nosotros y nuestras incapaces manos para abrirla por nosotros mismos. Pero bueno, no me adentraré en problemas tercemundistas. 

Así, tan ridículo como que alguien debe desempeñar un rol que muchos nos negamos a asumir, pero que aún así creemos que es necesario, porque sino, se rompiera el frágil ciclo que determina la estabilidad de nuestras vidas, igual de cotidiano es pensar y sobretodo, aceptar, que alrededor de una relación, o mejor, del hombre de una relación, deben girar un número distinto a 1(UNO) de mujeres, una que asuma sabiamente la labor de novia/esposa/prometida/mujer. Se preguntará usted las características de este curioso ser. Pues bien, la novia es la compañía, el soporte, quién es presentada ante amistades y familiares, ha de ser una mujer físicamente aceptable, con actitudes que reflejen elocuencia y distinción, adecuada manera de comunicarse, modales de dama, y sobretodo, conducta propia de una mujer que ampliamente está diseñada para quedarse en casa, pocas amigas, probablemente un empleo (esto sometido a disposición de su pareja), éxito laboral, madre omnipresente, y ojalá, una vida social tranquila, sin tantos eventos ni invitaciones, que puede mitigar la tranquilidad de su pareja. Gracias a ella, en la relación existe estabilidad, pues es ella quién, a pesar de cualquier circunstancia, permanece al lado del hombre que indiscutiblemente ama y respeta, aunque siempre se le esté buscando un defecto. 

Lamentablemente esta aparente tranquilidad es interrumpida cuando la criatura masculina entra en monotonía, su visión es nublada, no puede ver con claridad que tiene a su lado a una mujer maravillosa, que está ahí para él, y bueno... Decide divertirse un poco, sea por chats, salidas nocturnas, ''amigo preséntamela'', likes frecuentes, mensajes clandestinos, mentiras piadosas, llegadas tardes, que traen a coalición a nuestra segunda mujer: La otra. En algunas ocasiones esta es consciente de que el hombre que le pretende tiene pareja, y en otras, no, o se hace. Si es sabido previo al acto pecaminoso que está interviniendo en una relación, esta mujer es la más despreciable de las tres, porque ella, pudiendo evitarle una amargura bastante singular a otra mujer que, como ella, siente y quiere, decide ser cómplice de la mentira, de una bola de nieve que acaba en torrente, de la que solo sabrá librado él, pero ella, la otra, alcanza a sentir aires de superioridad incomprensibles, delira con que un día la deje, se burla en secreto con sus secuaces sobre la desdicha de la oficial, como si bajándose las bragas con alguien que llama a otra, ganara un poquito de integridad. Por este tipo en particular siento algo de rabia, porque a todas, en algún momento, nos tocará sobrellevar, y si eres una de ellas, no soy quién para juzgarte, pero sí soy quién para decirte mi opinión, y puedes dejar de leer ahora mismo pero: tú también vales ¿sabes? Tú también mereces que quién te llame en las noches, solo te llame a ti, te lo mereces porque no eres menos que ella, pero tampoco eres más, y ella tampoco merece estar presa de la incertidumbre que otra mujer, que tú, le estás ocasionando por no querer decidir algo mejor. 
Para una infidelidad se necesita una amante, y si todas comprendieran que es inaceptable ser el desparpajo de cualquiera, ya ningún hombre tuviera material de diversión y BAMM: relaciones honestas.
Con lo frecuente que se han vuelto los cachos, y la burla que esto genera, existe un conglomerado femenino que por elección o por inseguridad, están solas, y no es que sean solas, es que solo lo están, unas porque se divierten más así, otras porque la confianza en sí misma es tan poquita que acaban creyendo que ninguno les acortejaría. Error, para todas y todos, existe alguien, pero sentada, amargada de la vida, publicando que odias al amor, créeme que no lo hallarás.
Está bien tener ideas definidas, creer en la igualdad de género, asumir tu independencia, pero creer que eres tan autosuficiente como para reproducirte sola, ser feliz sin nadie con quién discutir o no tener con quién ir por un café/un trago, sin nadie a quién hacerle escenitas o pensar en él al comprarte un vestido, estás pasando la línea de la soledad absurda. Disfruta tu transición sola, luego de una ruptura o cuando quieras tiempo para ti, pero no te aferres a una idea absurda de vida que no es para ti ni para ninguna, porque como dije, hay un ser humano inreíblemente diseñado para ti y tú, eres la diseñada para él. No te escondas en imágenes de gatos, cuando eres alérgica a ellos pero finges querer adoptarlos, sé tú, quiere a alguien, pero a alguien soltero, ¿bueno?

Nunca, pero nunca, están de más las explicaciones porque si hay algo que nunca sobran son las palabras, por tal, me permito decir que no escribo esto porque sea la engañada, porque me guste alguien con novia o porque quiera ser bohemia solitara, lo hice por mera observación antropológica. Vida feliz.

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