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¿Las redes nos fregaron o no?

Las redes sociales nos jodieron las relaciones. O estas ya estaban jodidas siglos atrás pero ahora se hizo más complicado sostener mentiras y ocultar momentos. ''No Valeria, es que si no hubiese tanta facilidad de conectarse, mi pareja no habría podido ir con sus amigos.'' me decía una amiga, a lo que repliqué que: listo, entonces whatsapp influyó en el consentimiento de tu novio y lo coaccionó para que fuera a serte infiel, ¡vaya!

No compatriotas, la tecnología no nos vino a dañar nada, solo que años atrás era bien complejo enterarse, y el ignorante feliz vive. Lo que sí creo válido afirmar es que todo este rollo informático nos ha dado mucho material para joder, especialmente a las mujeres. En décadas de antaño, las mujeres convalecían en casa con algo de incertidumbre sobre el paradero de su señor marido, hoy es suficiente revisar, no sus Snaps, (ni que fuera tan tonto), pero tener a todos los amigos y revisar con recelo cada actualización para informarse de sus actividades lúdicas y compañía.

El rol de la mujer moderna la ha ubicado en lugares distintos a los que frecuentaban nuestras abuelas, es absoluta y aceptablemente normal ver una mujer y su séquito de amigas compartiendo una copa en la disco del momento, lo cual, ha posicionado al patriarcado del siglo XXI en una difícil situación: hacer seguimiento dictatorial. Pero déjense de cuentos, ¿cómo van a preferir una relación -de antes-? No soportarían tener noticias de su amado cada 8 días y menos por medio de cartas. Con lo ilegibles que son las letras masculinas habría preferido ingresar a un convento en lugar de descifrar los jeroglíficos de un novio ausente.

Adentrando en materia distinta, les comparto el comentario de mi papá, me decía que antes todo estaba mejor, no había tanta corrupción en el país, todo parecía más sereno y afable. A lo que reaccioné casi de inmediato en oposición, lo seguro es que para sus años de crecimiento no había una prensa abominable y absolutoria, que todo lo sabía, todo lo acusaba, todo lo comentaba, como sí lo es hoy, incluso se le conoce coloquialmente como el 4° poder. Y claro, ante la ausencia de medios que llegaran a casi todos los colombianos, mayoritariamente residentes en áreas rurales, resultaba muy fácil para un gobierno centralista, despilfarrar recursos a sus anchas sin un ojo público que lo señalase.

Para estos días, cualquier traspies de un mandtario mueve con ligereza las redes masivas, en contados minutos hay tendencia tuitera y bastan unos segundos para verle memes por doquier. La cosa se volvió chiste, pero en serio.
Seguimos tragando entero pero con pedazos más sutiles. Y eso, fue gracias al boom del montón de Apps que coleccionan en sus teléfonos al punto de dejarlos sin memoria.

Apuntes aparte: Primero, no elogio Facebook porque lo evito, he de estar en una situación muy agobiante por el aburrimiento para abrir mi perfil y no le veo gran novedad. Me quedó chiquito, la verdad.
Segundo, no es este un tratado en defensa de los medios informáticos, de hecho, soy terrible con su uso: estropeo impresoras y editar este blog es como armar un satélite de la NASA para mí. Pero valoro su inmenso aporte a mi humana pereza.

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