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A la deriva.

Ni hay mucho que contar, ni tantas razones para leer.

Y la verdad de verdades es que ninguna verdad existe, lo que me conlleva a decir que todos somos mentiras rotundas y estúpidas de verdades ocultas tras un telón enorme llamado vida, de la que a veces salimos muy dichosos y otras, más dischosos de lo que esperamos, mi punto es que nada en este teatro de mala muerte tiene guión escrito previo y que ningún director viene controlar a perfección cada inescrupuloso detalle de nuestras desastrosas vidas, así que viene siendo un show norteamericano con risas falsas de fondo e inocente intención de divertir pero más allá de ello está todo el rollo de maquillaje, escenografía y errores de vestuario, ¿les digo que opino de toda esta basura? Que apesta como pescado, y odio el pescado, así que odio que todos seamos como títeres vendados, sí, vendados por la ceguera inusual ante las circunstancias y títeres por ser dominados por el contexto de mierda en el que nos encontramos.

Estamos a la deriva, siempre a un paso de caer de un barranco sin fondo ni aparente salida, no sabemos que será de nosotros mañana y lo que fuimos ayer no nos dice nada, porque el telón está a punto de caer y la luna ya quiere salir, el sol dice adiós y las nubes se van, pero las malas decisiones nunca, pero nunca de los jamaces acabarán.

¿Están listos para una nueva función? Jódanse, no la hay, es lo mismo a diario, con distintos espacios y personajes, ustedes jueguen con ellos a ver que rating logran, chao.

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