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Las chicas sabemos hacer trampa.

Que la sensibilidad, el sufrimiento fisiológico, y demás percances, no nos limita si a jugar sucio confiere.

Sin sonar muy feminista quiero valerme del hecho de la astucia con la que contamos las mujeres para maquinar situaciones en nuestra cabeza, a veces para bien, a veces para mal, en todo caso, los escritores de ciencia ficción más destacados son mujeres, nada de sorprenderse, contamos con una imaginación increíble donde caben mariposas de todo tipo, así como cucarachas malolientes, porque la vida es de yin y de yan's de alfas y omegas de blancos y grises... Pero nosotras, nosotras venimos en edición a tonalidades de grises, un poco de esto y lo otro, con alto índice de persuasión y aunque la cualidad de activismo inmediato nos falta en gran cantidad, la categoría de romanticismo y maldad nos la llevamos nosotras. Así es, maldad, no solo somos rosas rojas en primavera abriendo capullo al rocío, somos más que eso, somo artífices de maldad pura, con plena capacidad de proyección modular de cualquier plan maestro, desde robo de joyas hasta comercio de drogas, aparente dominio de hombres pero que en el guante izquierdo se esconde una mujer vestida de terciopelo o con tenis, da igual, ninguna prenda hacer perder glamour si de inteligencia hablamos.

Llevando un poco esto a la realidad circundante de mis lectores les afirmo con total certeza que si lo que buscan es jugar de forma cruel y adversa con una mujer con coeficiente intelectual sobresaliente, sepan de antemano que se entrometen en la boca de un lobo hambriento, feroz y con uñas color rojo.

Sabemos trucos de manipulación eficaces para nuestro uso inmediato ante cualquier ocasión, lo recomendable es no agitar antes de uso conservar en un ambiente amoroso y dulce, nunca se sabe.

Nunca subestimen la dulzura de una mujer enamorada confundiéndolo con vulnerabilidad, detrás de cada herida, lágrima y dolor, hay intriga, misterio, y venganza retorcida sin salirse del escrúpulo de señoritas por el que nosotras, las damiselas eternas, nos caracterizamos. 
CHICAS: menos frases feministas y más estrategia colectiva. El cerebro no se reviste de tonterías.
CHICOS: take care.

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