Se ha perdido la gracia de contar los días sin algo y no me importa encontrarla.
Que entre ocupaciones se pueden ir muchos días
pero detrás de tu espalda me quiero ir yo.
Que los días grises por el clima
Son excusa para oscurecer mi genio
Difícil y manipulable a tus labios,
Imposible desde que nos fuimos,
Sí, nos.
Porque tú dijiste adiós de forma tácita
Y yo lo renegué mil veces contra la pared.
La sorda pared.
Que me haya secado el lagrimal
No quiere decir que haya perdido la intención.
Que estos versos no tengan métrica precisa
No los hace menos tangibles.
Que no muestre un ápice de amor
No me hace prófuga de sus artimañas.
Que sienta repulsión por el alcohol
No me hace menos alcohólica,
Bastante que me embriagué en tus ojos.
El licor del sabor en tus labios
Era más letal,
Más real,
Mío.
Tuya,
Como las manos
Que te recorrían el antebrazo
A esperas de que le abrazaras fuerte
Como el ruido del caudal entre las rocas
Que hasta el cabello que tanto te gustaba cambié
A ver si dejabas gustarme tú
Que eso no tenga sentido
No quiere decir que carezca de dirección.
Mi brújula era el vello tímido que se asomaba en tu barbilla
El norte se perdía entre tu sutil y desnuda mirada
A un este había calor
Al oeste frío
Y en tu pecho mi hogar.
El sur era donde el amor se hacía verbo
Jugaba con los pronombres
Y acababa en grotescas palabras.
Mi rumbo eras tú.
Y no he querido buscar otro.
Pues sola, leyendo para la clase próxima y sin ti,
Me he acostumbrado a vivir.
Con el ácido del limón
Y sal de mi vida
Te echo.
Me repudio por volver a escribir
Pero me odiaba más por no hacerlo.
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