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Una anestesia permanente.

Solo hay algo peor que ver el vaso medio vacío, y es verlo totalmente vacío. O en el peor de los casos, no turbarse siquiera por verlo. Este es el recuento del escalafón más abajo del pesimismo, del dolor o de la herida, y es: no sentir absolutamente nada.

Somos humanos, desgraciadamente inconformes con todo, tengamos o no tengamos nos ven con la boca rajada de tanta quejadera, y bueno, eso nos recuerda que estamos vivos. Pero valga el colmo de la inconformidad cuando deseamos con tantas fuerzas que equis problema o equis sufrimiento se vaya, y cuando se va por fin, lo extrañamos, ¿ven? Qué desgracia de personas somos, me encanta.

Nos pasa algo, lo típico: desamor, se nos viene el mundo encima y el mundo acaba pesando dos miserables gramos, porque es que no hay dolor que no vengamos con resistencia a soportar, no hay un jodido problema en la vida que no podamos solucionar, la muerte no cuenta porque no es de vida, ¿ok? El punto es, que todo dolor interno, se siente y hiere mucho, es algo con lo que tenemos que pasar por un tiempo, esta fase post-rompimiento quiero llamarla ''aprendiendo a vivir independiente con todo el dolor que implique'' porque ningún cambio deja de generar impacto, y sea este bueno o malo, molesta, fastidia, nos despedaza la existencia y hasta somos más mar que río de tanto llover los ojos, y no es el típico discursito de libro de superación personal donde el sol vuelve a salir y eso, no, la verdad es que todo el tiempo va a llover, porque esa es la vida, pero a raíz de la superación se viene también madurez e independencia emocional, esto último es para mí lo más difícil de adquirir, porque como mujer, vine con una estigmatización de depender del cariño y consuelo de alguien con un miembro en su entrepierna, y es falso todo, nosotras dependemos enteramente de nosotras mismas, sin sonar feministas porque no viene al caso, de hecho los hombres también deben dejarse de ataduras de faldas, de cualquier cosa, todos estamos llamados a que nuestro estado anímico no se amarre de ninguna variable externa, sino de nuestra basura interior, eso es todo.

Pero qué pasa después de la superación, se acaba el llanto, las fotos no quedan sino en la memoria del teléfono si es que existen ahí aún, pero del resto nada, ni una pizca de dolor, solo una historia muy chévere para compartir, llegamos a la meta, y como decía al principio; nada es suficiente para nosotros, porque habiendo superado un objetivo, nos ponemos uno más alto, y es natural, es sano y es hasta increíble, que una vez hayamos superado la tristeza, nos sintamos mal de nuevo pero porque no sentimos un reverendo comino, ya no brota lágrima tras la reproducción de una triste canción y las calles que antes traían recuerdo hoy no son más que eso, calles. Como que hace falta tocar la herida para checar si sigue ahí, como que un tanto de masoquismo no vendría mal y una que otra razón para deprimirse un domingo por la tarde estaría perfecto, pero no, nada, ni con cebolla se llora y se acabó la montaña rusa, no más bajas ni subidas, todo en un punto estable, es horrible, al menos para mí, soy un torbellino, me gusta la descoordinación, la ilógica emocional, los días turbios, las memorias, sentirse identificada con un texto cortavenas, tener una razón para quejarme de la estupidez masculina, a veces necesito un tantito de eso, pues para no perder la costumbre de lo que soy, de mi embrollada y difícil manera de entenderme.

Porque habiéndose solucionado el nudo de la historia el libro se acaba, y eso no es lo que quiero.

MEJOR HERIDOS QUE DORMIDOS.



#honguiquejas.

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