''Pelearé hasta el último segundo y mi epitafio dirá: no estoy de acuerdo''.
Es un acto revolucionario pensar por sí mismo, todo un acto de valentía decir lo que se piensa y algo de locos actuar según lo que uno cree. Pero vale la pena. Más en un mundo tan convulsionado por la uniformidad que predica a sus anchas la libertad y juzga sin compasión a quién vuela un poco más alto.
Vivir en un país subdesarrollado marcado por la desigualdad y el bipartidismo político te obliga a asumir una de las posiciones ya conocidas, pero nunca ser de Centro, ser distinto, protestar o ejercer oposición limpia, porque así es vista la crítica objetiva: como un atento a la democracia.
Entonces solo queda la opción de asentar sumisamente lo que unos cuantos reprimen pero que disfrazan de moderno por la burla que es votar, donde la opinión es lo que menos interesa y el presupuesto metido a la campaña lo que más mueve urnas. Todo radica en las carencias académicas, la inequidad de oportunidades, cubrimiento a medias de la educación y un tradicionalismo pragmático absurdo a ideas neutrales sin sabor ni color, que nada aporta a los cambios que urgen las circunstancias y que poco interesa en este fracturado país.
Hasta en modas hay un patrón establecido y me rehúso a seguirlo, mejor sentirme cómoda con algo ridículo que encajar con todos por ponerme lo que no me gusta, que si usan verde yo quiero rojo y si está IN el escote disfruten verme SIN él.
Que si soy de acá tengo que oír la música de acá y que si no es que soy antipatriota, ¡Que se lleve el diablo las opiniones tontas sin fundamento! Mientras me acomodo el auricular y le subo al último sencillo de Coldplay.
Me niego a hacer todo lo que todos hacen. Si no quiero rumbear, no rumbeo, que si quieren les doy like a los que sí, que si no me da la gana de peinarme no me vean, que yo así soy feliz. Mi lucha es contra lo ordinario y lo frecuente, mi discordia es con quienes piensan que siempre tienen la razón, cuando la razón son pareceres varios y todos con algo de verdad.
Mi pelea incesante es contra el pesimismo absurdo, si bien no hay que alejarse de la realidad tampoco ser distantes de las ideas brillantes que cambien el mundo y los que en él habitamos, dicho cambio se dará cuando entre tantas mentes distintas se halle tolerancia, en vez de querer pensar igual y enojarse con el otro por querer lo mismo que uno, aunque ninguno de los dos lo necesite, porque esa es la lógica humana, y por la que discuto también.
Y si todos dicen NO, yo SÍ.
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