Solo por dejar en claro: este no es un diario ni tengo 12 años. No todo lo que leen por ahí vagamente está firmado con la sangre de su autor, y por tanto, no cualquier frase cliché que se encuentren es porque necesariamente quién la redactó, la sienta. No es mi mayor preocupación dibujar el contorno del concepto que cualquiere que lee esto tenga sobre mí, pero sí es motivo de mi observación analizar, qué clase de imagen se llevan de mí, porque al fin y al cabo, ¿no es eso lo que se llevan? Imagen.
Nadie puede controlar el modo en que le miren los demás, pero definitivamente todos tenemos el control de cuidar nuestra apariencia, modales y conductas, a modo que sean coherentes con lo que pretendemos parecer. Y me he llevado un ingrata sorpresa al hacer repaso superfluo por las cosas que he dicho, actuado o defendido últimamente, a grandes rasgos podrían llevarse conclusiones poco agradables de mi comportamiento, pero el punto es, que no todo lo triste lleva mi coraje, ni todo lo valiente lleva mi sello, ando por ahí con mi discurso determinante, pero ni lo que digo define quién soy, ni lo que hago corrige lo que digo, todo es un ente inamovible y dinámico que se complemente para conseguir lo que ustedes ven de mí, y si luego de leerme con frecuencia, o haberme visto un par de veces por ahí, dijesen que soy una chica turbia, triste, lista y amargada, no lo sé, la verdad es que adoro las flores, sonrío más de lo que respiro, no tengo promedio de 5 y me la paso en planes neutros, así que, la próxima vez que se precipitaran a lanzar una opinión frente a un suceso extratemporal o vano, deberían hacerse la pregunta de, si todo lo que hacen o dicen realmente podría enmarcar lo que son, es vago y abstracto responder que sí, porque todo el tiempo estamos admitiendo consensos externos, y eso no nos hace peores personas, nos hace individuos en comunidad.
Todo esto para decir, que poco o nada debe afectarnos la opinión de terceros, mas sí debe preocuparnos; no sean tontos, nadie va a verlos por su interior, procuren mejorar sus fachadas, controlar sus conductas, seguir siendo quienes son, pulir un tanto los rasgos de adolescente frustrado que parece querer vivir eternamente, digerir un poco y vomitar menos, que con revoluciones a fuerza bruta se consigue atención pero con acuerdos diplomáticos se consiguen: resultados.
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