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Estirarse y no quebrarse los huesos

''Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.''

Expandir memoria y desempolvar cajones como quién espera lo que no sabe y anhela lo que no quiere. Sales exhausta de un laberinto de altibajos, te bajas al fin de ese tren que no llevaba a ningún lado, pero te quedas ahí, como quién vive deseando otra cosa, entonces te sumerges en el mismo laberinto de mierda de nuevo, esperas ansiosa el tren de la próxima estación, de cabeza te tiras al precipicio que supone entrelazar nuevamente esos vínculos que tanto te costó romper. A menos que... Nunca los rompieras, y estuvieses jugando ajedrez con el corazón, te daba miedo perder y te retiraste fingiendo indiferencia, pero absorta, como niña deseando azúcar en mitad de la noche, te negaste a perder tu precioso juego, te hiciste ganadora y seguiste el curso que fluye un río seco. Pero hiciste trampa, jugaste sucio, no eras más fuerte ni menos débil, tenías los ojos como si en cualquier momento pudiesen explotar o convertirse en millones de estrellas, jugaste con tu tiempo, te divertiste, conociste otra gente, desconociste a unas más, dijiste NO MÁS y el signo cambió a resta.

Creciste tanto en soledad y te achicaste unos centímetros varios ante su presencia, repentina e inesperada, de la nada, como si un agujero negro lo escupiera, y te lo puso delante tuyo. Clemente le saludas, caminan, conversan de los pájaros o del clima, yo qué voy a saber, se encuentran a sí mismos en el reflejo de la mirada en que se ven, no les hacía falta ni el mar ni la ocasión para nadar en la transparencia del uno por el otro, se miran, de cerca se miran, y entonces te crecen flores en los pies y echas raíces sin querer. 

Se ahogan, se mueren los pájaros y el clima adormece. Ya tú sabías que esto iba a ocurrir, solo te arriesgaste porque tu obstinada esperanza es muy terca y muy bonita para morirse tan rápido con el veneno de la verdad. Tenías que hacer reproche primero, tu pataleta debía hacerse escuchar, ¿por qué lo haría tan difícil? Pensabas, ¿por qué estabas condenada a vivir de 'casis' y no de 'son'? No pedías mucho y en cambio te daban nada. La impotencia, la frustración, las rodillas dobladas.

Te debilitas con una muestra mínima de interés, te deshaces como una lista de mercado en un charco, salvo que no actuabas como lista sino como carta, no eras astuta sino más bien una melancólica, y tu tristeza perpetua te ha traído al lugar donde empezaste. Casi que tus lágrimas parecen escarcha, traes luz y no se ve, vulnerable a las expectativas, a lo que es él, como envuelto en fuego que no le quema, sumisa a lo que te hace ser. Puede venir, puede quedarse, puede irse y regresar, tú seguirás estando en el lugar de siempre, abstinencia, gritándole groserías con los labios, abrazándolo fuerte con el alma.

Débil como el hilo de una araña, que húmeda permanece por el rocío, pero si uno o dos o no sé cuántos elefantes se balancearon sobre ella, es porque tienes más fuerza que cualquier tipo tonto e intermitente. Que ningún astro a tu favor se apague por miedo, y que te mientas un rato 'ahora sí, adiós'.

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