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Ni opresora, ni oprimida.

No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas.

Mary Wollstonecraft.


Muchas veces preferí no tocar el tema de radicalidad frente al fenómeno del feminismo, sin embargo, no estamos abnegados de cambiar de opinión, o en este caso, de pulirla, pues a partir de los hechos acontecidos durante las últimas semanas, se vuelve casi que una necesidad apuntar al rol de la mujer y defenderlo. A los hechos concretos que me refiero son, por un lado, en un país tercermundista azotado por el conflicto, secuestran más de 200 niñas mientras estas se encontraban en su recinto escolar, ¿el objetivo? Hacerlas sus esposas, violarlas, venderlas como esclavas, y eso contando con que seguramente la mayor de esas niñas podría haber tenido unos 16 años. Esto, para mí, genera más terror que cualquier película con máscaras producida en Hollywood con el fin de asustar.

Por otro lado, hace pocos días circula en televisión internacional e internet una campaña en la que se arroja la incierta y abrupta cifra de que cerca del 40% de hombres en Europa padece de violencia doméstica a manos de nosotras. No quiero decir que no pase, porque claro que sí, pero ¿victimizar de manera exagerada a los hombres con el fin de que se olvide lo que muchos de ellos hacen contra nosotras? Patético, injustificado e inaceptable. El vídeo ya es motivo de noticia y con eso se tapan las heridas de muchas.

Trasladándose un poco al oriente, nos encontramos con que una mujer es lapidada por su propia familia por haberse casado por amor, hecho que alcahuetea la justicia y aprueba la sociedad. No basta entonces juzgarlas por adulterio o exhibicionismo sino que ahora se vuelve un pecado también querer, sentir, tratar de ser feliz dentro de su turbio contexto.

Quisiera decir que estas noticias pertenecen a páginas amarillentas de cualquier triste libro histórico y no de las portadas recientes de diarios y titulares recientes, pero tristemente es así. Y ahora, las mujeres que deciden actuar incoherente al patrón establecido por la sociedad, que dan aire fresco de oposición con tetas desnudas, murales en marcha o libros alusivos son acusadas de feministas como si esto fuera una patología, algo negativo, algo que debería erradicarse cuando en verdad es el grito ahogado de muchas por querer desaprobar noticias como las que mencioné y millones, infinitos golpes verbales y físicos que nuestras hermanas padecen en Asia, en África, en Europa, en toda América, en todos los continentes con nombre o sin él, en cada rincón de este jodido mundo donde haya violencia hacia una chica debe haber también sentimiento feminista porque es el contraataque a la supremacía masculina que la historia etiqueta y de la que nosotras nos queremos deshacer.

No queremos ser superiores, no queremos ser inferiores, no queremos ser iguales a ustedes, queremos tener las mismas oportunidades, queremos que nos juzguen por cómo pensamos y no por cómo creen que debemos pensar, que no nos critiquen por vestir sin estilo o como perras, sino porque somos unas santurronas o una putas, que sepan bien que los cojones es una expresión figurada y que aunque no nos cuelgue nada en la entrepierna nos sobran cojones de esos para ser valientes, para tomar decisiones por nosotras mismas, aunque nos equivoquemos, porque también somos mitad gente, mitad idiotas, todos lo somos. Menos los hongos, esos no.

Que maquillarse sea opcional, que ser listas no sea sinónimo de aburridas, que quienes quieran beber lo hagan y quienes no quieran pues no, ambas siendo juzgadas por haber hecho lo que quisieron. Y no lo que las miradas, los comentarios, les presionaron a hacer.

Esta no es solo cantaleta aclaratoria para hombres, también es recomendación para mis compañeras de género: que sus acciones sean motivadas por lo que creen que es lo mejor, movidas por sus convicciones, sean cuales sean, somos increíbles, no debemos dejar que nuestros cuerpos inconformes piensen por nosotras, que un ex valore cuanto somos, que un chisme defina lo que hicimos o dejamos de hacer, también es tarea nuestra darnos nuestro lugar aunque eso implique sacudir a codazos las viejas ideas.

Hombres, nunca acabaré por comprender qué pasa en sus cabezas, pero lo que pasa ahora mismo por la mía es que son increíbles y que no imagino un mundo sin ustedes. No se suban el jodido ego, porfi.


Sigue siendo el acto más revolucionario decir en voz alta lo que una piensa, por eso compartir nuestra postura sigue pareciendo tan polémico.



Gracias por leer.

Comentarios

  1. Me he enganchado a lo que escribiste desde el primer renglón. Me parece que lo explicas todo de una manera muy clara, sencilla y directa. Es cierto que miles y millones de noticias horribles se encubren, se esconden.
    No se dan a conocer ni la mitad de las torturas tanto físicas como psíquicas que sufren las mujeres básicamente porque no interesa que se conozcan. No niego que también los hombres sufren por parte de las mujeres, porque aquí seres humanos atroces los hay en ambos géneros y de todas las culturas imaginables.
    Comparto y apoyo enormemente todo lo que comentaste del maquilla, la ropa, etc. Es como... Como si estuviéramos obligadas a salir perfectas todos los días a la calle. Como si tuviéramos necesariamente que arrancarnos cada pelito del cuerpo, tapar cada poro, colorear cada cm de piel, pero... ¿Para qué? ¿Para que los demás nos vean guapas? ¿Para ser aceptadas? Eso me parece un tremendo error. Claramente todas queremos sentirnos guapas, deseadas... Pero no podemos pasar de ahí a sentir que es una obligación, a sentir que si no lo hacemos no estaremos bellas o nos mirarán mal. ¿Qué tienen de malo las ojeras? Las ojeras se irán, el acné se irá, lo que no se irá será la necesidad de adaptarse al canon de belleza actual... Sin darnos cuenta de que, precisamente, la belleza reside en la variedad.

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  2. Belén, qué maravilla ha sido saber que una una mujer tan increíble cómo tú me lee, de veras estoy agradecida y contenta con que te hayas identificado.

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