Por si no estuvieran hartos ya, de escuchar por doquier la misma retahíla de los medios, de sus padres y cualquier autoridad moral, también les hastío con mis convicciones, que si bien no son muy escuchadas, sí son muy sólidas y he aquí, se las comparto.
Creo en el poder de las ideas buenas. Y en el de las malas también, incluso que estas pueden ser más efectivas pero nunca más fuertes.
Creo en la igualdad a toda costa, pero que esta igualdad siempre será en dignidad, pues en economía no ha de ser posible, ¿por qué? Acogiendo el fundamento neoliberalista de Thatcher, el hombre que tiene para comprar pan necesita otro hombre que haga el pan, y este panadero puede que no tenga tanta riqueza como quién lo compra pero sí igual de necesario, entonces, no hay nunca igualdad de bolsillos pero siempre de integridad.
Creo en el sonido del violín y que sus acordes derrumban muros.
Creo en el placer de comer helados de yogurt, que te enfrían hasta los problemas y los mantienen congelados mientras los disfrutas.
Creo en una Colombia en Paz, auténtica y justa Paz, con P mayúscula y p minúscula. La primera, que sea Paz unánime; la segunda, que sea una paz interna y verdadera. Que el colombiano promedio pueda decir que la guerra ha terminado, y a su vez, pueda irse a la cama con la tranquilidad de un hombre en paz.
Creo que sí es posible amar por mucho tiempo, y que mucho tiempo puede ser necesario para llegar a amar.
Creo que se puede cambiar el mundo con plena convicción de querer hacerlo. Eso y plata.
Creo en la belleza de las letras que visten sentimientos invisibles de unos tantos para que puedan ser vistos por otros tantos más.
Creo que se puede escuchar cientos de veces la misma canción favorita de siempre como terapia para tiempos difíciles.
Creo en la triste magnificencia de los días grises.
Creo que un atardecer es poema.
Creo en la bondad interna de la gente, pero también en los cuidados que deben tenerse con aquellos cuyas superficies dañinas han llegado también a oscurecer la naturaleza buena del hombre.
Creo en el Estado y sus honorables instituciones, en el respeto que se les debe. Pero también creo en la necesidad de cambios por el Bien Común.
Creo en Dios.
Creo en las lecciones de vidas duras porque forjan el carácter.
Creo en la determinación que implica el éxito.
Creo en el planeta y su perfecta armonía que debe evitarse perturbar.
Creo en la ciencia que nos ilustra, que nos razona y que nos explica.
Creo que el problema no está en el conjunto sino en lo particular, que se verán cambios cuando se deje de hallar culpables en todo y se asuma por cuenta propia lo bueno, lo malo y lo feo.
Creo en los cigarrillos porque se consumen rápido.
Creo en la diversidad, la multiculturalidad y sobre todo: en la Tolerancia.
Creo en los animales, que es responsabilidad nuestra protegerlos.
Creo que la educación es la salida, y la entrada, y el camino. No hay un fin por ella, ella es el fin.
Creo en los abrazos eternos y en el cariño de un hogar.
Creo en un futuro grandioso con gente genial.
Creo en mí y en vosotros.
Creo en el poder de las ideas buenas. Y en el de las malas también, incluso que estas pueden ser más efectivas pero nunca más fuertes.
Creo en la igualdad a toda costa, pero que esta igualdad siempre será en dignidad, pues en economía no ha de ser posible, ¿por qué? Acogiendo el fundamento neoliberalista de Thatcher, el hombre que tiene para comprar pan necesita otro hombre que haga el pan, y este panadero puede que no tenga tanta riqueza como quién lo compra pero sí igual de necesario, entonces, no hay nunca igualdad de bolsillos pero siempre de integridad.
Creo en el sonido del violín y que sus acordes derrumban muros.
Creo en el placer de comer helados de yogurt, que te enfrían hasta los problemas y los mantienen congelados mientras los disfrutas.
Creo en una Colombia en Paz, auténtica y justa Paz, con P mayúscula y p minúscula. La primera, que sea Paz unánime; la segunda, que sea una paz interna y verdadera. Que el colombiano promedio pueda decir que la guerra ha terminado, y a su vez, pueda irse a la cama con la tranquilidad de un hombre en paz.
Creo que sí es posible amar por mucho tiempo, y que mucho tiempo puede ser necesario para llegar a amar.
Creo que se puede cambiar el mundo con plena convicción de querer hacerlo. Eso y plata.
Creo en la belleza de las letras que visten sentimientos invisibles de unos tantos para que puedan ser vistos por otros tantos más.
Creo que se puede escuchar cientos de veces la misma canción favorita de siempre como terapia para tiempos difíciles.
Creo en la triste magnificencia de los días grises.
Creo que un atardecer es poema.
Creo en la bondad interna de la gente, pero también en los cuidados que deben tenerse con aquellos cuyas superficies dañinas han llegado también a oscurecer la naturaleza buena del hombre.
Creo en el Estado y sus honorables instituciones, en el respeto que se les debe. Pero también creo en la necesidad de cambios por el Bien Común.
Creo en Dios.
Creo en las lecciones de vidas duras porque forjan el carácter.
Creo en la determinación que implica el éxito.
Creo en el planeta y su perfecta armonía que debe evitarse perturbar.
Creo en la ciencia que nos ilustra, que nos razona y que nos explica.
Creo que el problema no está en el conjunto sino en lo particular, que se verán cambios cuando se deje de hallar culpables en todo y se asuma por cuenta propia lo bueno, lo malo y lo feo.
Creo en los cigarrillos porque se consumen rápido.
Creo en la diversidad, la multiculturalidad y sobre todo: en la Tolerancia.
Creo en los animales, que es responsabilidad nuestra protegerlos.
Creo que la educación es la salida, y la entrada, y el camino. No hay un fin por ella, ella es el fin.
Creo en los abrazos eternos y en el cariño de un hogar.
Creo en un futuro grandioso con gente genial.
Creo en mí y en vosotros.
Cada vez estás más política y menos poética, jamás lo pierdas recuerda: la poesía nos hace sentir vivos.
ResponderEliminarLo recuerdo.
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